El planeta se está calentando. Y las consecuencias son cada vez más difíciles de ignorar.
Este verano, las olas de calor, las sequías y los incendios forestales han vuelto a afectar al planeta. Europa Occidental ha registrado los meses de junio y julio más calurosos de su historia, mientras que los incendios han obligado a comunidades enteras a abandonar sus hogares y han destruido cientos de miles de hectáreas.

Estas imágenes pueden hacer que el cambio climático parezca un desafío abrumador. Pero, aunque la magnitud del problema es enorme, no todas son malas noticias.
Dejando de lado la responsabilidad de los distintos gobiernos y las políticas necesarias para acelerar la acción climática —que forman parte de una conversación mucho más amplia—, es importante entender lo que está ocurriendo, el por qué y, sobre todo, qué podemos hacer al respecto.
Lo primero que debemos entender es que estos fenómenos no ocurren de manera aislada.
Las olas de calor y los incendios forestales son fenómenos naturales y han ocurrido a lo largo de la historia. El cambio climático no provoca por sí solo cada evento meteorológico extremo. Lo que sí hace el calentamiento del planeta es modificar las condiciones en las que estos eventos ocurren.
A medida que aumentan las temperaturas promedio, los episodios de calor extremo pueden volverse más frecuentes e intensos. Las temperaturas más altas también pueden secar la vegetación y los suelos con mayor rapidez, generando condiciones en las que las sequías pueden agravarse y los incendios forestales propagarse con mayor facilidad y alcanzar una mayor intensidad.
Al mismo tiempo, los ciclos climáticos naturales continúan influyendo en el clima alrededor del mundo. El Niño, por ejemplo, provoca periódicamente un calentamiento de determinadas zonas del Pacífico tropical y puede alterar significativamente los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros de distancia.
El cambio climático y la variabilidad natural del clima no son, por lo tanto, lo mismo. Pero hoy estos fenómenos naturales están ocurriendo en un planeta que ya es más cálido.
Entonces, ¿qué podemos hacer?
Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo fundamental. La transición hacia energías más limpias, transporte más eficiente, industrias con menores emisiones de carbono y patrones de consumo más sostenibles son todos elementos importantes.
Pero existe otra parte de la ecuación climática que a veces recibe menos atención: proteger los sistemas naturales que ya tenemos.
Los bosques son uno de ellos.
Los bosques saludables absorben y almacenan carbono, pero su importancia va mucho más allá. Regulan los ciclos del agua, protegen los suelos, albergan una biodiversidad extraordinaria y sostienen a millones de personas cuyos medios de vida dependen de ellos.
Cuando desaparecen los bosques, no perdemos únicamente árboles. Debilitamos todo un sistema natural.
Esto es especialmente importante en lugares como la Amazonía, donde la presión de la agricultura, el desarrollo de infraestructura, las actividades ilegales y los cambios en el uso del suelo continúan amenazando a los bosques que aún permanecen en pie.
Por eso, para quienes trabajamos en clima y naturaleza, la pregunta ya no puede ser únicamente: ¿cómo reducimos las emisiones futuras?
También debemos preguntarnos: ¿qué podemos proteger hoy?
En BAM, respondemos a esta pregunta, con nuestra labor diaria en la Amazonía peruana.
Trabajamos para proteger los bosques en pie, restaurar ecosistemas degradados y generar valor económico a partir de mantener viva la naturaleza. Esto incluye el desarrollo de proyectos de carbono transparentes y basados en evidencia, capaces de canalizar financiamiento climático hacia la conservación de los bosques, combinando ciencia, tecnología y una colaboración de largo plazo con las comunidades locales.
El financiamiento climático no sustituye la necesidad de reducir emisiones, así como la conservación de los bosques tampoco es la única respuesta al cambio climático. No existe una solución única.
Pero proteger los sistemas naturales que ayudan a regular nuestro clima es una parte importante de la solución.
Las imágenes que estamos viendo son un poderoso recordatorio de la magnitud y la urgencia del desafío que enfrentamos.
Pero también deberían recordarnos que muchas de las herramientas que necesitamos ya existen.
La naturaleza es una de ellas.
Y protegerla es algo que podemos hacer hoy.


















