Segunda evaluación de biodiversidad en Quinillal, Ucayali

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Texto y fotografías: Walter H. Wust / BAM

No ha pasado ni una hora desde que dejamos la fría y gris Lima y los 38°C de Pucallpa nos reciben de golpe al descender por la escalinata del avión. El aire húmedo de la región reconforta a quienes estamos habituados a visitar la Amazonía, pero aturde a aquellos que visitan por vez primera esta ciudad tropical. El aire llega cargado de un intenso olor a humo que preocupa. Sabemos bien cuál es la razón: nos encontramos en el pico de la estación seca y el cielo de la selva no puede ocultar el telón gris que producen las miles de hectáreas quemadas cada año.

No hay tiempo que perder. El equipo multidisciplinario de Corbidi, compuesto por media docena de investigadores, se apresta a ingresar a la localidad de Quinillal, uno de los puestos de control que mantiene Bosques Amazónicos BAM para asegurar la conservación de esta sección de selva situada en la desembocadura del río Manantay, quizás la porción de bosque más valiosa de las cercanías de Pucallpa.

Armados con binoculares, grabadoras, micrófonos direccionales, trampas Sherman, redes de neblina y una parafernalia de bártulos, los científicos ingresan al campamento con grandes expectativas. Esta vez visitarán el área en época seca, lo que además de facilitar en gran medida el acceso, permitirá ingresar a zonas que permanecieron inundadas durante la estación de lluvias, en que se realizó la evaluación anterior.

A bordo de varias camionetas todo terreno, el equipo cubre en apenas una hora el tramo que antes tomó medio día de recorrido con el agua a las rodillas, en una agotadora caminata que requería de hasta 4 horas bajo el intenso sol tropical. Bandadas de bulliciosos pericos arremolinándose entre las palmeras de aguaje y el canto de las perdices dan la bienvenida al equipo al campamento, acondicionado para albergar a los visitantes durante una semana de intenso trabajo de campo.

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La tarde posterior a la llegada trajo consigo varias sorpresas. La primera no podía ser más auspiciosa: el equipo de ornitólogos avistó un puma en lo alto de un árbol mientras buscaba bandadas mixtas de aves, un raro hallazgo que confirma la presencia de los depredadores tope en la zona. La segunda resultó tan grave como sorprendente: un incendio provocado por agricultores en las cercanías avanzó peligrosamente, llegando al límite mismo de la propiedad protegida por BAM. Los trabajadores de la empresa, ayudados por los científicos, pasaron horas luchando por evitar el paso del fuego. Finalmente lograron evitar que las llamas lleguen hasta el campamento, pero muy cerca el espectáculo era terrible y contundente.

La selva se hace humo en Ucayali. La gran diversidad de especies que ostenta esta región se ve amenazada por la creciente expansión de áreas agrícolas, la ganadería extensiva y el crecimiento urbano. Un estudio del MINAM (2020) reporta que entre los años 2001 al 2018 el departamento de Ucayali ha perdido 384,474 ha de bosques, siendo Coronel Portillo y Padre Abad las provincias con mayor extensión de pérdida de cobertura arbórea.

El sector Quinillal que protege Bosques Amazónicos en el departamento de Ucayali presenta un ecosistema de terrazas bajas, con una topografía relativamente plana e inundable y un nivel de agua en época de lluvias que supera el 1.20 m de altura respecto al suelo. Sin embargo, con la llegada de los meses secos, hasta los bosques inundables ceden al embate del fuego.

Aniceto Daza, técnico forestal a cargo del establecimiento de la parcela permanente en Quinillal, comenta:

“Esta área de bosque se encuentra a escasos kilómetros de distancia de la ciudad de Pucallpa. Durante muchos años, ha existido un control efectivo del ingreso a esta área, lo cual ha evitado la destrucción de ambientes únicos. Dada la expansión urbana, muchos espacios forestales similares han sido destruidos en el pasado. En ese sentido, Quinillal representa una valiosa muestra de naturaleza prácticamente intacta y a la mano”.

El trabajo de los botánicos es vital y actúa como punta de lanza de la expedición, ya que permite caracterizar la composición del bosque e identificar los hábitats y especies dominantes en cada lugar.

Daza añade: “Existe una abundancia de especies que constituyen fuente de alimento para la fauna silvestre; están las del género Inga (pacaes silvestres) cuyos frutos son alimento predilecto de primates y animales arborícolas, así como para una gran diversidad de aves. Del mismo modo que los árboles de Zygia y Parkia, cuyo néctar es alimento para grupos de murciélagos especializados. Las palmeras (Astrocaryum, Attalea, Euterpe) resistentes al fuego, son también consideradas como especies claves en la perspectiva de la alimentación de primates y aves, junto a especies de las familias Sapotaceae y Moraceae. Finalmente, las especies del género Sapium son conocidas como alimento de loros, y dicho género se halla presente en una cantidad significativa. Quinillal tiene todas las características para constituir un refugio apropiado de fauna silvestre”.

Carlos Reynel, director del Herbario de la Universidad Nacional Agraria – La Molina y a cargo del equipo botánico, está muy animado con el potencial del proyecto: “El establecimiento de la primera parcela permanente o arboreto en Quinillal es de especial importancia, pues su monitoreo en el tiempo producirá información científica útil sobre la taxonomía, florística, interacciones planta-animal y dinámica del bosque. Ello puede sentar las bases para establecer la localización del lugar como un núcleo de investigación científica internacional y multidisciplinaria. Para ejemplo, un botón: una especie dentro de la parcela es posiblemente nueva para la ciencia (Lafoensia sp., familia Lythraceae) y amerita seguimiento para conseguir especímenes botánicos completos”.

Encuentro a Thomas Valqui y a Jorge Novoa en un claro del bosque situado a un kilómetro del campamento. Han llegado hasta aquí para revisar un conjunto de redes de neblina que su asistente, Walter Vargas, ha colocado con precisión empleando varas en el suelo sujetas con estacas. “Las redes de neblina funcionan como las redes de pesca en el mar; debido a lo delgado de los hilos y su color negro, las aves no las ven y quedan atrapadas cuando vuelan atravesando el lugar” –comenta Valqui.

Como director de Corbidi y jefe del equipo científico, tiene a su cargo la evaluación ornitológica en Quinillal. Su amplia experiencia de campo garantiza un registro acucioso de las aves de la zona, el que se complementa con grabaciones y capturas en las redes que hemos venido a revisar.

“Las evaluaciones efectuadas en Quinillal permitieron registrar un total de 286 especies de aves distribuidas en 22 órdenes y 52 familias. Esto representa casi el 15 % de las aves del Perú en apenas 12 kilómetros recorridos. De ellas, un 63% estuvo presentes en ambas temporadas. Esto indica que, al menos, 182 especies habitan en estos bosques durante todo el año”.

En la red ha caído una pequeña ave de colores brillantes. Se trata de un saltarín de cola bandeada (Pipra fasciicauda), una especie que –aunque frecuente– es muy difícil de observar. Existen unas 24 especies de saltarines en la selva peruana. Todos poseen plumajes de colores estridentes y desarrollan elaborados bailes de cortejo para atraer a las hembras, tal y como suele hacerlo el famoso gallito de las rocas.

Mientras camina escudriñando la copa de los árboles, Valqui añade: “la composición de aves resulta interesante por la posición biogeográfica del lugar. Es importante mencionar que Quinillal se encuentra en la intersección dos grandes regiones biogeográficas, lo que incrementa la posibilidad de encontrar aves de ambas zonas en un mismo lugar. Adicionalmente, también hemos encontrado especies clasificadas con alguna categoría de amenaza según la legislación nacional y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)”.

“Se trata de un área poco estudiada en el Perú, por lo que es una zona de alto interés para hacer estudios más detallados de algunas especies. En ese sentido es un buen lugar para establecer evaluaciones a largo plazo y, por qué no, una estación biológica”. Y añade: “Al mismo tiempo, la diversidad encontrada y algunas especies en particular son de alto valor para explorar oportunidades en la creciente industria turística de observación de aves o birdwatching. Considerando la cercanía a Pucallpa, Quinillal puede representar un excelente lugar para desarrollar programas de observación de aves, ya sea como visitas cortas o más extensas, tanto para turismo interno como internacional”.

Otro de los grupos trabajando en Quinillal se concentra en atraer insectos con la ayuda de trampas de color y cazamariposas. Se trata de Akira Wong Sato, investigador asociado de la división de ecología vegetal de Corbidi. Sentado sobre un tronco caído, abre su morral y extrae un sobre de papel manteca doblado prolijamente en forma de triángulo. Con cuidado me muestra las alas de una mariposa Morpho helenor de tonos matálicos. “Es una especie sujeta a alta presión de captura, pues sus alas se emplean para la elaboración de artesanías. Aquí, sin embargo, ha resultado ser muy abundante”.

Durante la evaluación, Akira y su asistente, la bióloga Patricia Manrique, lograron identificar un total de 276 especies de insectos mediante diversos métodos de captura. “Muchos de estos insectos cumplen funciones irremplazables para el ecosistema, como es el servicio de polinización y el control de plagas” –agrega Wong sin dejar de observar el vielo errático de un abejorro sobre la vegetación.

La noche es el reino de los herpetólogos, es decir, los expertos en el estudio de reptiles y anfibios. Luis Alberto García Ayachi es investigador asociado de la división de herpetología de Corbidi. Cada día, cuando el resto cae rendido en sus carpas, él sale a recorrer las trochas repletas de zancudos, linterna en mano, en busca de ranas, geckos y culebras de todo tipo… un trabajo que le apasiona y que para otros sonaría como la peor de las torturas.

Aprovecho su presencia para fotografiar a algunas de las criaturas que ha atrapado en sus andanzas nocturnas. Me fascina un pequeño caimán, de apenas 40 cm de largo y coraza brillante, conocido como lagarto de quebrada o dirin dirin (Paleosuchus trigonatus). Vive en pequeños cursos de agua al interior del bosque amazónico. “Suele ser bastante agresivo a pesar de su tamaño. Su cuerpo, con una fuerte armadura y dientes agudos, es una adaptación perfecta para cazar peces” –comenta como quien habla de un amigo de toda la vida.

“La diversidad encontrada en el sector Quinillal alcanza un total de 57 especies, distribuida entre 26 anfibios y 31 reptiles, que representan alrededor de un tercio del total de especies conocidas para el departamento Ucayali; un número muy interesante dada la cercanía a la ciudad de Pucallpa”.

“Entre los nuevos registros se encuentran dos especies con categoría de amenaza que deben ser priorizadas en su conservación: el caimán Paleosuchus trigonatus bajo la categoría Casi Amenazado (NT) (MINAGRI 2014) y la tortuga Chelonoides denticulatus bajo la categoría Vulnerable (VU) (IUCN 2021) ”.

Caminamos junto a las zonas que fueron quemadas hace algunas horas, justo en el límite entre los bosques que protege BAM y las zonas agrícolas vecinas. García Ayachi se detiene y me muestra la piel chamuscada de una pequeña lagartija que no logró escapar al fuego. “Las poblaciones de anfibios y reptiles se encuentran amenazadas debida a la quema no controlada y deforestación en las inmediaciones de Quinillal.  Por que lo que conservar esta área es vital para la conservación y continuidad de la fauna local” –comenta. Y tiene mucha razón.

La noche es también “la oficina” de los mastozoólogos o especialistas en mamíferos, liderados por Javier Barrio Guede, investigador asociado de Corbidi. Premunidos de trampas de varios tipos y señuelos con aroma a vainilla, identifican las zonas de paso de la fauna silvestre y reconocen huellas y rastros. También trabajan con redes de neblina, que capturan a murciélagos (uno de los grupos más numerosos en los bosques tropicales).

“Basado en lo observado en la tendencia de registros, estimamos la presencia de al menos 55 especies de mamíferos en Quinillal. Destaca el hallazgo de 5 especies de monos, 9 de murciélagos y observaciones de especies amenazadas como el hormiguero bandera (Myrmecophaga tridactyla) y el raro yaguarundi (Puma yagouaroundi)”.

Guede señala una gran huella en el lodo fresco. “Hemos hallado rastros de especies de mamíferos grandes que suelen desaparecer rápidamente de áreas cercanas a las ciudades amazónicas. Una de ellas es el tapir o sachavaca (Tapirus terrestris), especie considerada amenazada y bajo la categoría de Vulnerable, tanto en la Lista roja de especies del Perú como en la de la UICN”.

 

 

“Además de especies de primates pequeños, como el mono fraile o huasita (Saimiri bolivianus), el tocón rojo (Plecturocebus discolor) y el pichico común (Leonthocebus weddelli), se registraron también especies de primates medianos como el mono aullador o cotomono (Alouatta seniculus) y el machín negro (Sapajus apella), estas últimas sufren una intensa presión de caza y su carne es traficada ilegalmente. Los primates son también buscados para el tráfico ilegal de mascotas”.

El día va llegando a su fin. Los mosquitos nos recuerdan que es tiempo de volver al campamento a descansar y preparar las muestras para el laboratorio. Caminamos de regreso, mientras Javier nos regala un comentario final: “Esta zona cuenta con muy buen potencial para ser considerada un área de conservación. Esto será vital en la protección de las especies de fauna que utilizan estos bosques como refugio”.

En BAM estamos alineados precisamente en ese objetivo. En la actualidad, los bosques que protege la empresa se encuentran en proceso de ser categorizados como el Área de Conservación Privada Campo Verde. La protección legal de casi 20 mil hectáreas se convertirá en un respaldo a los esfuerzos de conservación que Bosques Amazónicos viene desarrollando desde hace más de una década. Un futuro prometedor para este pedazo de selva verde en la frontera misma de Pucallpa.

 

Texto y fotografías: Walter H. Wust / BAM

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